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Granuloma por lamido o dermatitis acral

Se trata de lesiones dérmicas que se produce el propio animal al lamerse y morderse de forma compulsiva una zona de su cuerpo. El perro se lame o mordisquea de forma insistente la piel de una zona concreta hasta autolesionarse.

Suele darse principalmente en perros y las zonas que usualmente se ven afectadas son las caras dorsales del carpo o metacarpo de las patas delanteras y del tarso o metatarso de las patas traseras. La dermatitis por lamido acral, se produce por causas psicológicas como: Ansiedad, aburrimiento, espacio vital escaso y monótono, animal que vive en una residencia, animal que vive atado, animal que no recibe la atención suficiente por parte de sus dueños, cambio brusco en su forma de vida (cambio de sitio por mudanza, falta de personas habituales en su vida, llegada de otra mascota, otro familiar, etc).

También podría desencadenar este círculo vicioso de lamido, el hallazgo de una lesión. Una lesión en la piel de un animal con características temperamentales especialmente predispuestas puede hacer que tenga una tendencia a perpetuar la lesión lamiéndola, mordisqueándola, erosionando y ulcerando cada vez más la zona. Es por ello que problemas de piel crónicos como dermatitis atópica, alergias alimentarias, etc. por el picor que generan puede ser el estímulo que lleve a un animal predispuesto mentalmente hacia conductas obsesivo compulsivas, buscando aliviar ese problema lamiendo o mordiendo la zona.

Ocurre porque muchos perros y gatos tienden a manifestar problemas de comportamiento o stress en forma de conductas compulsivas y repetitivas.

Como datos estadísticos, podemos decir que es más frecuente en machos que en hembras. Aunque se puede localizar en cualquier parte del cuerpo en la que el animal alcance para lamerse, la zona que usualmente se ve más afectada son los carpos de las patas delanteras.

Razas Predispuestas

En el caso de los perros, las razas de alto riesgo son: Doberman,  Gran Danés, Dogo Argentino, Setter Irlandés, Labrador y Pastor Alemán.
 
Para su tratamiento es fundamental que entendamos cuál es el origen de este problema. Su origen no es orgánico, sino una frustración interna, a la cual intenta dar salida por medio de un lamido compulsivo que no es capaz de dejar.

Lo verdaderamente importante en estos casos no es la lesión ulcerada y llamativa por la cual los dueños acuden al veterinario, sino el verdadero problema que esconde ese animal: la falta de estímulo y el aburrimiento.

En este tipo de patologías se corre el riesgo de tratar el problema dérmico y dejar de lado el verdadero origen de esta alteración, volviendo a producirse el problema con el paso del tiempo.

No todas las lesiones agravadas por el lamido tienen un origen psicógeno, es por ello que se deben descartar todas las posibilidades asociadas a estas lesiones (alergias, parásitos externos, dolor, etc.) antes de determinar que se trata de un problema de dermatitis acral.

Tratamiento

  Encaminado a resolver tanto las lesiones como el origen del problema:

Tratamiento de las lesiones: 

  • Antibióticos sistémicos y locales.
  • Es obligatorio romper el ciclo del rascado de forma mecánica mediante vendajes o collares isabelinos y con corticoides tópicos o sistémicos para aliviar el picor.

Como el origen es psicógeno se deben corregir los factores predisponentes:

  • Hay que desplazar la actividad de lamido hacia juegos o paseos.
  • Incrementar la estimulación mental del animal por medio de ejercicios de adiestramiento o juegos interactivos.
  • Aumentar la interacción con el animal y disminuir el tiempo que pasa sólo.
  • Aumentar la actividad física y el acceso al aire libre.
  • Una mayor atención por parte del propietario.
     
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